Se miraron a los ojos, sentados en aquella cama, entre las sábanas blancas. Una brisa veraniega entraba por la ventana. Las cortinas ondeaban con ella, dejando pasar la luz a través de la tela clara.
Él le quitó un mechón de la cara y sonrió.
-¿Qué ocurre?
Ella no dijo nada.
-¿Qué ocurre? -repitió, con paciencia.
-Es solo que me gustaría saber que es amar a alguien.
-¿No lo sabes?
Colocó la mano derecha de la chica en su pecho y la izquierda en el pecho de ella. Se miraron. Ella abrió los ojos. Sonrieron.
-¿Eso es el amor?
Él asintió, inclinándose para besarla con cuidado. Se miraron a los ojos.
-Paul... ¿puedo confesarte algo?
-Sí.
Guardó silencio durante unos segundo.
-Yo... creo que te quiero.
Y un nuevo beso. Y una camisa que resbala por los hombros. Unos dedos que se entrelazan. Algo infinito, sin restrinciones. Algo nuevo. Amor, quizás.
sábado, 24 de abril de 2010
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